lunes, 14 de diciembre de 2009

LA FELICIDAD

Hace poco vi una entrevista al psiquiatra Jorge Bucay. Le preguntaron: ¿es usted feliz? y respondió: sí, absolutamente. Por fin, me dije, ya era hora de encontrar a alguien capaz de dar esa respuesta. Porque estoy un poco aburrido de oír los tópicos de siempre: la felicidad absoluta no existe, la felicidad son momentos, etc. A veces me preguntaba si era la única persona en la tierra que creía en la felicidad absoluta, pero la respuesta de Bucay me confirma que no estoy solo. Un brindis por el argentino.

Está claro que no entiendo por felicidad absoluta una alegría constante, un entusiasmo loco sin momentos de tristeza o dificultad. Para mí la felicidad es un estado de consciencia en el que priman la gratitud por cada bien que llega a nuestra vida y la aceptación de cada dificultad con la confianza en que por dura que sea, tiene un significado positivo que tarde o temprano encontraremos; una armonía interna que se refleja en nuestro entorno; una certeza de sabernos en el camino correcto hacia algo que da sentido a nuestra vida; una sabiduría que nos permite apreciar cada segundo que empleamos en recorrer ese camino; una paz que no deja de acompañarnos cuando el dolor nos abraza; una confianza en que todo tiene su razón de ser.

A Fernando Fernán-Gómez le preguntaron también una vez si era feliz. “¿Yo feliz? ¿Pero por quién me ha tomado usted?” Sí, hay quien piensa que la felicidad es de tontos, de ingenuos, que es imposible ser feliz en un mundo en el que se suicida una persona cada cuarenta segundos.

Quizás sea tonto, o ingenuo, pero me importa un pimiento. Lo que sé es que en esta tarde de un día de diciembre, creo en la felicidad.

Ya está.

5 comentarios:

Concha Barbero de Dompablo dijo...

Alberto, vi aquella entrevista, en Página2, y pensé exactamente lo mismo que tú.

Recuerdo que Álex Rovira decía que cuando le preguntaban a alguien qué tal, respondía con un bueno..., tirando..., ganándome la vida (¡como si la tuviéramos perdida!), y muy pocos Bien o Muy bien.

Creo que la vida está hecha de la suma de muchos pequeños momentos (que, a su vez, son únicos en el tiempo y el espacio: el ahora), pero podemos ser felices en todo momento, incluso en los "malos", porque en ellos estamos aprendiendo; del mismo modo que detrás de nuestros miedos están nuestras soluciones.


Un abrazo, Alberto. Espero que te encuentres BIEN :-)))

Nebroa dijo...

Alberto... me quedo con tu sueño y con la realidad que propagas. Me quedo con ella porque siempre creí que podía conseguirse, no la felicidad que da la alegría de las afueras, y sí en la calma interior, en el centro mismo de cada uno, que no se altera bajo los horizontes de la periferia. En ella creía y sigo creyendo, con la convicción de que me sentiré así, pronto, ya, ahora mismo quizá... y que mantendré ese lugar a la vista de mi vida cotidiana.
No sé si me has entendido! jaja...cuando hablo de lo recien estrenado me apresuro, no pienso mucho y suelto todo de golpe... Pero no tengo ganas de borrarlo! quiero que suene así, fresco, aunque alborotado!!

Alberto dijo...

Gracias Concha. Con comentarios como el tuyo ¿cómo no voy a encontrarme bien? :-) Respecto a lo que cuentas de Álex Rovira, una vez escuché el siguiente diálogo:
- ¿Qué tal?
- Tirando
- Pues mejor tirar que empujar, ¿no? que empujar cuesta más.
Y cómo no, me la apunté.
Un abrazo.


Nebroa, por supuesto que te he entendido. Has hecho bien en no borrarlo. Y también creo que haces bien al creer en el mismo sueño que yo, porque tú, yo y todos salimos ganando. Gracias.
Un abrazo.

Miguel dijo...

Me gusta leer sobre la felicidad :-)

PazzaP dijo...

La diferencia entre empujar y tirar sólo está en la posición que se adopta respecto del objeto, mental o físico, que se quiere cambiar de sitio.

Si pensamos en un mueble, quizá sea más eficaz empujarlo, aunque no necesariamente. Si pensamos en una persona, ambas acciones ponen de relieve la misma resistencia al cambio; no si es mejor tirar de ella o empujarla.